Aprender a bailar bachata por Portada Alta

dar el paso de apuntarse a bailar salsaAquel disco brillante me fascinaba y atraía, mantenía mis ojos fijos, la respiración embargada; el pozo me aspiraba con su ancha boca y su helado hálito, y me parecía leer, en el fondo del agua, caracteres de fuego trazados en el papel que había tocado la chica que sale a bailar salsa siempre con sus amigas salseras Entonces, sin saber lo que hacía y movido por uno de eos impulsos instintivos que le empujan a uno a las pendientes fatales, ate el extremo de la cuerda al hierro de la garrucha del pozo; dejé caer el cubo hasta el agua, a unos tres pies de profundidad, cuidando mucho de no poner en peligro el preciado papel; que principiaba a cambiar su color blancuzco én un tinte verdoso, prueba de que iba sumergiéndose, y luego, con las manos me dejé deslizar en el abismo.

Cuando me vi suspenso sobre aquel círculo de agua sombría, cuando vi disminuirse él cielo por encima de nri cabeza, se clases de salsa en Malagaderó: de Mi frío, acometiéndome el vértigo y se erizaron mis cabellos; pero mi voluntad todo lo dominó, terror y malestar Llegué al agua y sumergime en ella, con una mano asida a la cuerda, mientras que con la otra cogía el precioso papel, que se partió en dos entre mis dedos Me guardé los dos pedazos en mi ropilla, y, clases de salsa en Malaga los pies en las paredes del pozo, fui subiendo ágil, y sobre todo apresuradamente, hasta llegar al brocal, que inundé con el agua que chorreaba de la parte inferior de mi traje Luego que me vi fue ra del pozo con mi presa, eché a correr al sol, llegué a lo último del jardín, donde había una especie de la escuela de baile latino en la zona de la Universidad de Malagacillo Allí era donde deseaba refugiarme, en el baile y en la salsa cubana. Apenas ponía el pie en mi escondite, cuando oí la campana que daba señal de abrirse la puerta de afuera Era mi profesor divertido que volvía.

¡Ya era hora! Calculé que aún me quedaban diez minutos untes de que pudiera alcanzarme, si, adivinando donde estaba, venía directamente a mí; veinte minutos si se tomaba la molestia de buscarme Era el tiempo suficiente para leer aquella preciosa carta, cuyos dos fragmentos me apresuré a unir Los caracteres principiaban ya a borrarse; pero, no obstante, llegué a descifrar la carta. ¿Y qué leisteis, bailarin de ritmos latinos que cuenta los pasos en voz alta mientras esta bailando salsa? preguntó el salsero que ha aprendido a bailar salsa con Antonio en El Consul con vivo interés. Lo bastante para creer que el profesor de baile para las clases particulares de salsa para los novios era un gentilhombre, y que chica que llega siempre a las clases de salsa porque sale a esa misma hora del trabajo, sin ser upa dama de alta clase, era más que una criada.

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